a mano
Abrir las manos así como si liberaras un pájaro, despacito para no dañar las plumas y al mismo tiempo con la inquietud pinchuda de un par de patitas en tus palmas, patitas y pico que huelen la inmediata libertad como si fuera el perfume mismo de la vida, a la que se ven impelidas por su propia naturaleza y por el leve empujoncito que les das con los dedos.
